
Lo más importante que podemos hacer, es evitarla. Hay perros que son por naturaleza peleadores (he conocido alguno particularmente inclinado a estas conductas), pero de nosotros depende minimizar esa tendencia. La socialización del perro en etapas tempranas y la estricta obediencia son la clave.
Es importante que el cachorro interactúe con otros perros, de edades diversas. Esto lo logramos en los paseos, dejándolo que se acostumbre a hacerlo. Ante el menor atisbo de una conducta agresiva debemos reprimirla. De ninguna manera quiere decir que hay que pegarle ni agredirlo, ya que eso agravará el problema. Simplemente forma parte de la obediencia que le debemos inculcar, por lo tanto, debe responder con claridad a nuestro llamado.
Aún así, las peleas ocurren, ya que otros perros son agresivos, por más que el nuestro no lo sea. Sin embargo, si la pelea va a comenzar y llamamos a nuestro perro, lo más probable es que no ocurra nada, ya que por instinto, un perro no ataca a otro que huye (el nuestro al venir al llamado). Sin embargo, el otro puede insistir en la agresión, y la situación debe ser controlada por nosotros. En un post siguiente veremos cómo actuar frente a la agresión de un perro.
Si la pelea ha comenzado, mantener la calma. En gran cantidad de casos, la pelea es muy menor y se nota. Unos fuertes ladridos y leves mordisqueos, dan por terminada la disputa. Si es así de leve, no intervenir.
Lamentablemente ocurre, algunas veces, que las cosas pasan a mayores y se pueden lesionar muy gravemente, e incluso uno de los perros puede morir.
Fuente: www.mascotas.com | Imagen: flickr.com













