
Después de dos meses de gestación, y para emoción y nerviosismo de los dueños, comienza el parto. Es importante preparar algunos pequeños detalles en los días previos, para que todo transcurra con normalidad y calma.
Al igual que en los humanos, cada parto es diferente. En los días previos, la perra puede estar más quieta y con menos apetito. Se nota la secreción de un líquido claro por los pezones. La temperatura de la perra baja en las horas previas. Busca estar sola y “anidar”. Todos estos acontecimientos pueden ocurrir… o no.
Preparar un buen lugar para el parto es importante, aunque los planes de la perra pueden no coincidir con los nuestros. No es raro levantarse una mañana y encontrar que la perra parió debajo del sofá o una cama. Dentro de lo posible, prepararle una “cama”, tapizada con diarios y en un lugar con temperatura agradable a cálida. Esto lo podemos hacer con una caja de cartón del tamaño adecuado a la perra, y dejando un borde de relativamente elevado, para que no puedan escapar los cachorros. Recordar que éstos se arrastran en los primeros días, y si se alejan y la madre no lo advierte, pueden morir de frío.
Un ambiente tranquilo es clave. Sólo los dueños deben estar presentes, calmados y en silencio. La perra hará todo, sólo nos queda observar y pedir ayuda experta (veterinario) si las cosas se complican. Por ese motivo, debemos tener una forma de ubicarlo a cualquier hora, ya que los partos ocurren con mayor frecuencia en la noche.
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