
La toxoplasmosis es una enfermedad que pueden adquirir los humanos, y entre varias vías de contagio, pueden hacerlo por los gatos. En una persona sana, en general, no representa un problema. Pero si una embarazada adquiere la enfermedad durante la gestación, puede dañar muy seriamente al feto, dejándole secuelas muy graves, o causando la muerte del mismo.
La enfermedad es producida por un parásito, el toxoplasma gondii. En personas con la inmunidad comprometida, puede ser una enfermedad seria. Pero hay que destacar que tiene que tener un problema de inmunidad previo. En personas sanas, la enfermedad pasa inadvertida, al punto tal, que se detecta el hecho de haberla tenido, en un porcentaje muy elevado de la población.
Si una mujer ha tenido la enfermedad y queda embarazada, no hay ningún problema. El punto es si la adquiere durante el embarazo, y a qué altura del mismo. El riesgo de que la madre transmita la enfermedad al embrión o feto, aumenta con el progreso de la gestación. Por ejemplo: en el primer trimestre se infectan entre un 15 y un 20% de los embriones, y en el tercer trimestre lo hace el 65 %. Claro que la infección en el primer trimestre, si bien es mucho menos probable que ocurra, es mucho más grave para el niño.
En España la detección de la toxoplasmosis forma parte de la rutina del control de embarazo. Se busca su presencia desde la primera analítica que se le realiza a la futura madre.
¿Por qué hablamos de esto en un blog de mascotas? Porque una de las vías de contagio es a través de las heces de los gatos. Veremos con más detalle este aspecto en un post siguiente.
Fuente: consumer.es | Imagen: mundodegatos.com













