
En un post anterior veíamos algunos de los motivos principales para decidirnos por esterilizar a nuestro gato macho. Brevemente destacábamos dos motivos fundamentales: evitar la reproducción no deseada, con el consiguiente problema de tener gatos sin dueño, y estabilizar el carácter del gato, ventaja que algunas veces no tenemos muy en cuenta.
El tercer motivo para hacerlo es evitar que nuestro gato sea lastimado. Cuando una gata está en celo, el animal simplemente no puede controlar el impulso. Lo mismo ocurre con los demás gatos de la zona. Las peleas que ocurren en estos casos suelen ser bastante serias, y los animales pueden salir seriamente lesionados. Y las probabilidades de salir bien de esas peleas de un gato casero contra un gato callejero, son realmente bajas.
El problema somos los humanos, y cómo evaluamos qué significa castrar el gato. Tendemos a pensar sus conductas en términos humanos, lo cual es un error importante. El gato solamente se siente atraído ante la presencia de una gata en celo, y esa atracción es irrefrenable. No es un acto de crueldad castrarlo, es eliminar ese impulso, cosa que vale la pena hacer por todos los motivos expuestos. No es someter al gato a un sufrimiento innecesario y a una vida de frustración posterior, ya que simplemente no se sentirá frustrado de ninguna manera.
Es importante hablar el tema en la primera visita con el veterinario, quien nos aclarará todas las preguntas que puedan surgir. Es un procedimiento de riesgo mínimo, que si evaluamos los beneficios posteriores no nos deja lugar a dudas.
Imagen: flickr.com













