
En un post anterior habíamos visto qué podemos hacer cuando nuestro perro es un ladrido ambulante. Hemos visto que es una conducta que se puede corregir con relativa sencillez si perseveramos en el intento. Pero cuando no es nuestro perro el que ladra, el problema es totalmente diferente, ya que es importante ser convincente y persuadir a nuestro vecino, sin dañar la relación. Claro que no todas las personas son accesibles y razonables, por lo que este proceso puede llegar a ser mucho más complicado que reeducar a nuestra mascota.
Ser extremadamente amables y educados es una premisa básica. Escoger el momento ideal para ir a hablar con nuestro vecino es importante. Ir por ejemplo, cuando estamos hartos de no dormir por culpa del perro ruidoso, no es una buena idea. Esperar a que las cosas se tornen insoportables nos aleja de la situación. Una conversación donde el enojo es lo que prima, raramente tiene buen resultado.
Nuestra actitud tiene que ser de colaboración y no de crítica. En lugar de repetir que hace una semana que no dormimos por el perrito, plantearle las soluciones posibles y mostrarse dispuesto a ayudar es la mejor decisión. Puede que nuestro vecino sea una persona algo difícil, pero si vamos en buenos términos, con firmeza y educación, seguramente tendremos resultados.
Informar al dueño del perro de los entrenamientos y dispositivos, es un buen comienzo. Se venden collares para perro que emiten sonidos desagradables para él, cada vez que ladra.
Si todo fracasa, luego de muchos intentos, sigamos intentado. Si aún así, no podemos, evaluemos comprar un dispositivo de los que se colocan en el jardín (destaco que son totalmente inocuos para el perro), a ver si el perrito entiende más que el dueño.
Imagen: flickr.com













